
Me duele la cabeza de tanto pensar, de tanto decir, de tanto callar. No sé si me cuesta más vivir o fingir que estoy viviendo, no sé si respirar realmente sigue siendo una acción involuntaria. A veces creo que mis neuronas son conscientes de sus acciones. Si es así, las compadezco.
Pero aún así sigo andando en bicicleta. Y eso que mi querida Alice sigue cogiendo polvo día tras día...

No hay comentarios:
Publicar un comentario