Dulces hadas de la infame ciénaga,
llevaos a mis fantasmas con vosotras,
no me importa si al valle o a la vega,
pero sacad a los muertos de mi torturada cabeza.
No sabeís lo que sufro,
no sabeís lo que siento,
no hay llanto ni lamento
que exprese mi corazón
cada vez que éste palpita.
No es vida, no es mentira,
Son rosas rojas de melancolía.
Quién hablara, quién diría,
el embuste más grande,
llamado vida.
viernes, 19 de febrero de 2010
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